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jueves, 31 de marzo de 2016

la Fed y el riesgo de mayor circulante

http://www.forbes.com.mx/no-crea-la-fed-malas-noticias-malas-noticias/

No crea en la Fed: malas noticias son malas noticias

Que la Fed prometa inyectar más liquidez al mercado, y así aumentar la especulación en el mercado de bonos, no es una buena noticia. “Imprimir” dinero siempre genera optimismo temporal, pero no da fuerza estructural de largo plazo a la economía.

Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal (Foto: Reuters)
Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal (Foto: Reuters)

Ayer y hoy los mercados se han mostrado muy jubilosos ante las declaraciones de la presidenta de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos, Janet Yellen, en el Economic Club de Nueva York. En síntesis, el martes insinuó que daría a los inversionistas su droga favorita: más compras de activos para seguir inflando los índices bursátiles.
Yellen dijo que era apropiado que el Comité de Mercado Abierto de la Fed (FOMC, por sus siglas en inglés) “procediera con cautela” en lo que se refiere a nuevas alzas de tasas de interés, debido a que los riesgos para la economía global se han incrementado.
A decir verdad, el tema de un ciclo “cauteloso” de alza de tipos no es nada nuevo. Lo mismo había dicho Yellen antes de la primera subida de 25 puntos base en diciembre. Lo novedoso, reiteramos, es lo explícito que ha hecho ya que, en caso de problemas, habrá una nueva ronda de compra de activos, un QE4.
Esto ya lo habíamos anticipado en este espacio en noviembre de 2015. En ese entonces aseveramos: “Cuando llegue la siguiente recesión a Estados Unidos (la Fed) recurrirá de manera desesperada a cualquier herramienta para repetir la locura de reinflar burbujas. En esa baraja no descarte tasas negativas y/o un QE4.”
Yellen dijo ayer que la Fed tenía aún margen de maniobra para flexibilizar la política monetaria, incluso si las tasas llegan a cero de nuevo, manejando las expectativas de los tipos de interés y aumentando “el tamaño o duración de nuestras tenencias de valores de largo plazo”.
Es decir, no se atrevió a pronunciar las palabras quantitative easing (QE), pero no hizo falta.
Aumentar el tamaño de sus valores significa justo eso: entrar al mercado a comprar bonos y activos respaldados por hipotecas para aumentar su precio y reducir sus tasas de rendimiento. Manejar la “duración” quiere decir vender activos de corto plazo para remplazarlos por otros de vencimiento más largo, como hizo antes con la Operación Twist.
Nada hace más felices a los mercados que un anuncio como ése, razón por la cual –al cierre de este artículo– índices como el Dow Jones, el S&P500, la Bolsa Mexicana de Valores, etc., continuaban al alza, y el dólar a la baja. En México, la fortaleza del peso continúa, gracias a lo cual el billete verde se encuentra en niveles mínimos de 2016, alrededor de 17.20 pesos por unidad.
El discurso de Yellen ha hecho que prácticamente se descarten subidas de tasa de fondos federales en lo que resta del año, por lo que su rango actual de 0.25 a 0.50 se mantendría.
La titular del banco central estadounidense mencionó dos riesgos para el crecimiento global: la desaceleración de China y los precios de las materias primas, del petróleo en particular. Afirmó que hay incertidumbre respecto a la transición de la economía china de un modelo exportador hacia fuentes domésticas de crecimiento. Agregó que mayores caídas en el precio del petróleo tendrían efectos “adversos” en la economía global.
De manera que aquellos optimistas que aún repiten que un precio del crudo bajo “ayuda” al crecimiento, han sido desmentidos por la propia Yellen. Aquí hemos reiterado que el desplome de las materias primas no es una circunstancia que estimularía la producción, sino un síntoma de que la economía global en general, y en particular la de China y Estados Unidos, se están desacelerando.
Hay indicios de que los propios funcionarios de la Fed ya no pueden pasar por alto con puro optimismo. El crecimiento del PIB estadounidense se desaceleró a un ritmo de 1.4% en el cuarto trimestre de 2015, mientras que el estimado GDPNow de la Fed de Atlanta –al corte del lunes– ubica una expansión de sólo 0.6% para el primer cuarto de 2016.
Así que no debemos caer en la trampa: las malas noticias no son “buenas noticias” porque la Fed prometa inyectar más liquidez al mercado, y así aumentar la especulación en el mercado de bonos. No. Una nueva recesión es cuestión de tiempo, y es imposible saber con certeza cómo reaccionarán los inversionistas. “Imprimir” dinero siempre genera optimismo temporal, pero nada hace por dar fuerza estructural de largo plazo a la economía.
Todo lo contrario. Ante esta calma que antecede a la tempestad habrá que aprovechar, si se abaratan lo suficiente, oportunidades de compra en el propio dólar –que ante una nueva crisis podría inflarse en burbuja– y verdaderos activos refugio como el oro y la plata. Las malas noticias son lo que son.

jueves, 11 de febrero de 2016

La polìtica monetaria inequitativa de los bancos centrales

http://www.eleconomista.es/economia/noticias/7342003/02/16/Los-bancos-centrales-han-hecho-a-los-ricos-mucho-mas-ricos-.html

Los bancos centrales han hecho a los ricos mucho más ricos

10/02/2016 - 18:26
  • El 10% de los británicos más ricos tiene el 77% de todas las acciones

desigualdad-economica.jpg
Foto de Getty
La experiencia del Reino Unido y de EEUU prueba con claridad que las políticas monetarias no convencionales implementadas tras la crisis han ayudado a hacer más ricos a los que ya eran ricos. La intensidad con la que los activos financieros han subido de precio, la dispersión salarial y el precio de la vivienda son algunos de los motivos que han ayudado a incrementar la desigualdad de la riqueza.
Tal y como señala el departamento de investigación de Standard & Poor's en un informe titulado 'QE and economic inequality: the UK experience', las políticas no convencionales han tenido consecuencias no deseadas. Y es que entre los efectos secundarios del 'Quantitative Easing' sin duda destaca el fuerte incremento de la desigualdad de ingresos y de riqueza entre los más ricos y los más pobres.
Durante los últimos años, la creación de empleo en el Reino Unido ha sido intensa, lo que se supone que podría ayudar a reducir la desigualdad de ingresos. Sin embargo, durante la recuperación económica se ha producido una mayor dispersión salarial y una mayor creación de empleo a tiempo parcial en los grupos de la sociedad más desfavorecidos. Es decir, se han creado miles de puestos de trabajo con salarios muy inferiores al salario medio.

Políticas monetarias no convencionales

Aunque esta compleja situación del mercado laboral británica se debe más al marco laboral del país que a los bancos centrales, "sí creemos que las medidas implementadas por el Banco de Inglaterra (BoE) han tenido un impacto directo sobre la desigualdad a través de dos canales".
El primero de estos canales tiene que ver "con el incremento de los precios de los activos financieros, cuyos tenedores son los estratos más ricos de la sociedad. La desigualdad de la riqueza en el Reino Unido se ha incrementado después de la última crisis". El 10% más rico del Reino Unido ha pasado de tener en 2008 el 56% de la riqueza al 65% en 2014".
Por otro lado, el segundo canal ha sido el del mercado inmobiliario. Los bajos tipos de interés han ayudado que la demanda de vivienda siga superando a la oferta y, por ende, los precios han seguido subiendo a un ritmo mucho más alto que el crecimiento de los ingresos, convirtiendo la vivienda en un bien casi inaccesible para una parte de la población.
"Como resultado, la desigualdad relacionada con la riqueza inmobiliaria neta se ha incrementado desde el comienzo de la crisis. Además, las rentas más elevadas se han beneficiado de unos intereses más bajos en las hipotecas... Todo ello supone desde nuestro punto de vista un motivo de preocupación, puesto que un mayor grado de desigualdad económica puede erosionar el crecimiento económico a largo plazo", sentencia el informe de la agencia de calificación.

Crónica de una muerte anunciada

Cuando estas políticas no convencionales se comenzaron a a aplicar, algunos expertos aseguraron que desembocarían en mayor desigualdad. El que fuera presidente de la OCDE y del Banco Internacional de Pagos, William White, explicó en 2013 que la ultra-expansiva política monetaria que estaban llevando a cabo los bancos centrales "iba a provocar un crecimiento desmedido del precio de los activos, especialmente los bonos", además de impedir un desapalancamiento sano del sector privado y público.
"Desde 2007, los bancos centrales han puesto en marcha unas medidas que buscan directamente incrementar la demanda agregada sin tener en cuenta las consecuencias a largo plazo", señaló William White en Independent.

sábado, 12 de septiembre de 2015

La Fed, las tasas de interés y el precio de los bonos

http://www.forbes.com.mx/importa-ya-si-la-fed-sube-las-tasas-de-interes/

¿Importa ya si la Fed sube las tasas de interés?

¿Importa ya si la Fed sube las tasas de interés?
Edificio de la Reserva Federal de Estados Unidos (Reuters).
Las burbujas en activos que se han inflado cortesía de la “flexibilización cuantitativa”, reventarán de cualquier forma, más temprano o más tarde.

PUBLICICDAD
Se acerca el momento. El próximo 17 de septiembre, la Reserva Federal (Fed) anunciará su decisión de subir o no su objetivo de tasa de fondos federales. Todo mundo está haciendo sus apuestas. Lo único cierto es que los miembros del Comité de Mercado Abierto saben que tienen a China presionando con todo para que las tasas permanezcan sin cambios.
El propio Banco Central Europeo (BCE) así lo cree o bien, tiene información privilegiada que se lo anticipó ya. Mario Draghi, su presidente, tuvo éxito ayer debilitando al euro con un recorte de las previsiones de crecimiento del PIB y la inflación, al tiempo que prometió más estímulo monetario “si es necesario”. En pocas palabras “se curó en salud” y con ello, dejó ver que considera que por ahora los chinos lograrán su propósito.
Una moneda fuerte es algo que ningún banquero central importante quiere en un marco de “guerra de divisas”, donde de lo que se trata, es de ver quién devalúa más y más rápido. Un absurdo que refleja la debilidad estructural del actual sistema monetario.
En fin. Aquí hemos insistido en la relevancia de lo que el Deutsche Bank (DB) ha llamado la “retracción cuantitativa” (Quantitative Tightening, QT) para los mercados emergentes.
De manera errónea algunos analistas han interpretado que el DB se refiere a una contracción de la liquidez en dólares, cuando en realidad sólo se refiere a la reducción de la cantidad de reservas que los países emergentes –liderados por China- están llevando a cabo, y al impacto que esto puede tener a escala global. Por ejemplo, se habla de la presión sobre las tasas de rendimiento de los bonos estadounidenses, que podrían subir en consecuencia.
Por supuesto, no es que necesariamente esto tenga que ocurrir. Como en cualquier mercado, si la demanda sube más que la oferta los precios se irán para arriba de todos modos. De hecho, eso es lo que ha estado sucediendo, al punto que la demanda por bonos de largo plazo (5, 10 y 30 años) está tendiendo a encarecerlos más con respecto a los de menor vencimiento, que son más abundantes y por tanto los que más se están liquidando.
Así lo confirma la gráfica siguiente de Mish Shedlock en la que se compara el rendimiento actual (barra azul) con el de hace un año (barra roja). Un aplanamiento de la curva se está presentando: los precios de los bonos de menor plazo caen (o lo que es lo mismo, suben sus rendimientos), mientras los precios de bonos de mayor vencimiento suben (lo que hace caer sus rendimientos).
Interest Rates Now vs Year Ago
Frances Coppola de Forbes.com ha dicho que se trata de un simple aplanamiento al estilo de la “Operación Twist” que hizo la Fed hace unos años, pero no es así. No es solo que los rendimientos de corto plazo estén subiendo, lo que pasa es que la economía global se está “enfriando” –China es el síntoma más visible- y ese aplanamiento es muestra de que las probabilidades de recesión van en aumento. Ese es de hecho el tema: incluso si se están liquidando bonos de largo plazo por parte de los emergentes, los inversores han aumentado su demanda y el precio está subiendo (rendimiento cayendo).
Por eso aquí hemos dicho que el “contraataque” de China al liquidar sus treasuries es muy arriesgado porque, lejos de evitar que los capitales sigan huyendo del país, provocará una estampida mayor ante la previsión de mayores e inevitables devaluaciones del yuan. Los chinos se han echado solos la soga al cuello, pero piensan que el “ataque” viene de fuera. Como respuesta están consumiendo su “arsenal” de reservas inútilmente (mucho peor y más rápido que México). Todo mundo cree que lograrán su propósito de evitar el alza de tasas de la Fed, pero incluso si es así por el momento, cuando llegue la siguiente recesión, la estampida de capitales empeorará y esta vez ya no tendrán el mismo “blindaje”. Una muy costosa defensa del yuan.
Aquí hemos sostenido que si la Fed a pesar de las presiones sube su tasa, la “tormenta perfecta” estará alineada para los mercados emergentes. Si pospone la subida obtendríamos un alivio temporal en sus mercados, materias primas, divisas, etc.
Si como espera el DB los emergentes se suman a China en sus liquidaciones masivas, reiteramos, los rendimientos de largo plazo podrían subir. Pero eso no significa tampoco que el mercado alcista de los bonos estará “ahora sí” muerto. ¿Por qué? Porque repetimos, todos sabemos lo que ocurriría si Estados Unidos entra en recesión en los próximos trimestres o par de años: los precios de las materias primas colapsarían de vuelta, mientras los de los bonos de largo plazo se dispararían (caerían sus rendimientos) por la alta demanda.
En suma. A estas alturas, ya no importa lo que la Fed haga a sus tasas. Las burbujas en activos que se han inflado cortesía de la “flexibilización cuantitativa”, reventarán de cualquier forma, más temprano o más tarde. Las presiones deflacionarias que ello implica, van a seguir. Nada en la economía global ha mejorado. El colapso que han creado los banqueros centrales llegará, hagan lo que hagan para tratar de evitarlo

jueves, 4 de junio de 2015

Una paradoja de exceso de liquidez a nivel macro y de iliquidez en los mercados

http://www.project-syndicate.org/commentary/liquidity-market-volatility-flash-crash-by-nouriel-roubini-2015-05

Nouriel Roubini, a professor at NYU’s Stern School of Business and Chairman of Roubini Global Economics, was Senior Economist for International Affairs in the White House's Council of Economic Advisers during the Clinton Administration. He has worked for the International Monetary Fund, the US Feder… read more
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The Liquidity Time Bomb

NEW YORK – A paradox has emerged in the financial markets of the advanced economies since the 2008 global financial crisis. Unconventional monetary policies have created a massive overhang of liquidity. But a series of recent shocks suggests that macro liquidity has become linked with severe market illiquidity.
Policy interest rates are near zero (and sometimes below it) in most advanced economies, and the monetary base (money created by central banks in the form of cash and liquid commercial-bank reserves) has soared – doubling, tripling, and, in the United States, quadrupling relative to the pre-crisis period. This has kept short- and long-term interest rates low (and even negative in some cases, such as Europe and Japan), reduced the volatility of bond markets, and lifted many asset prices (including equities, real estate, and fixed-income private- and public-sector bonds).
And yet investors have reason to be concerned. Their fears started with the “flash crash” of May 2010, when, in a matter of 30 minutes, major US stock indices fell by almost 10%, before recovering rapidly. Then came the “taper tantrum” in the spring of 2013, when US long-term interest rates shot up by 100 basis points after then-Fed Chairman Ben Bernanke hinted at an end to the Fed’s monthly purchases of long-term securities.
Likewise, in October 2014, US Treasury yields plummeted by almost 40 basis points in minutes, which statisticians argue should occur only once in three billion years. The latest episode came just last month, when, in the space of a few days, ten-year German bond yields went from five basis points to almost 80.
These events have fueled fears that, even very deep and liquid markets – such as US stocks and government bonds in the US and Germany – may not be liquid enough. So what accounts for the combination of macro liquidity and market illiquidity?
For starters, in equity markets, high-frequency traders (HFTs), who use algorithmic computer programs to follow market trends, account for a larger share of transactions. This creates, no surprise, herding behavior. Indeed, trading in the US nowadays is concentrated at the beginning and the last hour of the trading day, when HFTs are most active; for the rest of the day, markets are illiquid, with few transactions.
A second cause lies in the fact that fixed-income assets – such as government, corporate, and emerging-market bonds – are not traded in more liquid exchanges, as stocks are. Instead, they are traded mostly over the counter in illiquid markets.
Third, not only is fixed income more illiquid, but now most of these instruments – which have grown enormously in number, owing to the mushrooming issuance of private and public debts before and after the financial crisis – are held in open-ended funds that allow investors to exit overnight. Imagine a bank that invests in illiquid assets but allows depositors to redeem their cash overnight: if a run on these funds occurs, the need to sell the illiquid assets can push their price very low very fast, in what is effectively a fire sale.
Fourth, before the 2008 crisis, banks were market makers in fixed-income instruments. They held large inventories of these assets, thus providing liquidity and smoothing excess price volatility. But, with new regulations punishing such trading (via higher capital charges), banks and other financial institutions have reduced their market-making activity. So, in times of surprise that move bond prices and yields, the banks are not present to act as stabilizers.
In short, though central banks’ creation of macro liquidity may keep bond yields low and reduce volatility, it has also led to crowded trades (herding on market trends, exacerbated by HFTs) and more investment in illiquid bond funds, while tighter regulation means that market makers are missing in action.
As a result, when surprises occur – for example, the Fed signals an earlier-than-expected exit from zero interest rates, oil prices spike, or eurozone growth starts to pick up – the re-rating of stocks and especially bonds can be abrupt and dramatic: everyone caught in the same crowded trades needs to get out fast. Herding in the opposite direction occurs, but, because many investments are in illiquid funds and the traditional market makers who smoothed volatility are nowhere to be found, the sellers are forced into fire sales.
This combination of macro liquidity and market illiquidity is a time bomb. So far, it has led only to volatile flash crashes and sudden changes in bond yields and stock prices. But, over time, the longer central banks create liquidity to suppress short-run volatility, the more they will feed price bubbles in equity, bond, and other asset markets. As more investors pile into overvalued, increasingly illiquid assets – such as bonds – the risk of a long-term crash increases.
This is the paradoxical result of the policy response to the financial crisis. Macro liquidity is feeding booms and bubbles; but market illiquidity will eventually trigger a bust and collapse.

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La bomba de tiempo de Liquidez

NUEVA YORK - Una paradoja ha surgido en los mercados financieros de las economías avanzadas desde la crisis financiera mundial de 2008. Políticas monetarias no convencionales han creado una proyección masiva de liquidez. Pero una serie de choques recientes sugiere que la liquidez macro se ha vinculado con el mercado severa iliquidez .
Las tasas de interés de política están cerca de cero (ya veces por debajo de ella) en las economías más avanzadas, y la base monetaria (dinero creado por los bancos centrales en forma de dinero en efectivo y las reservas de los bancos comerciales líquidos) se ha disparado - duplicar, triplicar, y, en el Estados Unidos, cuadruplicando en relación con el período anterior a la crisis. Esto ha mantenido a corto como a las tasas de interés a largo plazo bajos (e incluso negativos en algunos casos, como en Europa y Japón), la reducción de la volatilidad de los mercados de bonos, y levantó muchos precios de los activos (incluyendo acciones, bienes raíces, y la renta fija bonos del sector público y privado).
Y sin embargo, los inversores tienen motivos para estar preocupados. Sus temores comenzaron con el "flash crash" de mayo de 2010, cuando, en cuestión de 30 minutos, los principales índices bursátiles de Estados Unidos se redujo en casi un 10%, antes de recuperarse rápidamente. Luego vino la "rabieta taper" en la primavera de 2013, cuando Estados Unidos las tasas de interés a largo plazo se disparó en 100 puntos básicos después de que el entonces presidente de la Fed, Ben Bernanke, dio a entender a su fin a las compras mensuales de la Fed de valores a largo plazo.
Del mismo modo, en octubre de 2014, los rendimientos del Tesoro estadounidense cayeron por casi 40 puntos básicos, en minutos, que los estadísticos argumentan debería ocurrir sólo una vez en tres mil millones años . El último episodio se produjo apenas el mes pasado, cuando, en el espacio de unos pocos días, de diez años de los bonos alemanes pasaron de cinco puntos básicos a casi 80.
Estos eventos han alimentado los temores de que, incluso los mercados muy profundos y líquidos - como estadounidenses acciones y bonos gubernamentales en los EE.UU. y Alemania - pueden no ser lo suficientemente líquido. Entonces, ¿qué representa la combinación de liquidez macro y la iliquidez del mercado?
Para empezar, en los mercados de renta variable, los operadores de alta frecuencia (HFT), que utilizan programas informáticos algorítmicos para seguir las tendencias del mercado, representan una mayor proporción de las transacciones. Esto crea, no es de extrañar, comportamiento gregario. De hecho, el comercio de los EE.UU. hoy en día se concentra al principio y la última hora de la jornada, cuando HFTS son más activos; para el resto del día, los mercados son ilíquidos, con pocas transacciones.
Una segunda causa radica en el hecho de que los activos de renta fija - como el gobierno, las empresas y los mercados emergentes de bonos - no se negocian en intercambios más líquidos, como acciones son. En cambio, si se negocian principalmente en el mostrador en los mercados ilíquidos.
En tercer lugar, no sólo es renta fija más ilíquidos, pero ahora la mayoría de estos instrumentos - que han crecido enormemente en número, debido a la emisión de setas de las deudas privadas y públicas antes y después de la crisis financiera - se mantienen en fondos abiertos que permiten inversores para salir durante la noche. Imagine un banco que invierte en activos no líquidos, pero permite a los depositantes para redimir su noche de efectivo: si se produce una fuga de estos fondos, la necesidad de vender los activos no líquidos puede empujar su precio muy bajo muy rápido, en lo que es efectivamente una venta de liquidación.
En cuarto lugar, antes de la crisis de 2008, los bancos fueron los creadores de mercado en instrumentos de renta fija. Llevaron a cabo grandes inventarios de estos activos, proporcionando así liquidez y suavizar el exceso de volatilidad de los precios. Pero, con las nuevas regulaciones que castigan este tipo de comercio (a través de las cargas de capital más altos), los bancos y otras instituciones financieras han reducido su actividad de creación de mercado. Así que, en momentos de sorpresa que se mueven los precios de los bonos y los rendimientos, los bancos no están presentes para actuar como estabilizadores.
En resumen, a pesar de la creación de los bancos centrales de la liquidez macro pueden mantener rendimientos de los bonos baja y reducir la volatilidad, también ha dado lugar a operaciones de hacinamiento (pastoreo en las tendencias del mercado, agravadas por HFTS) y una mayor inversión en los fondos de bonos ilíquidos, mientras que una regulación más estricta significa que creadores de mercado están desaparecidos en acción.
Como resultado, cuando se producen sorpresas - por ejemplo, la Fed señala una salida antes de lo esperado de las tasas de interés cero, el aceite de precios pico, o el crecimiento de la zona euro comienza a recoger - la re-calificación de las acciones y bonos en especial puede ser abrupta y dramática: todo el mundo atrapado en las mismas rutas atestadas necesita salir rápido. Reunión en la dirección opuesta se produce, pero, debido a que muchas inversiones son en fondos líquidos y los creadores de mercado tradicionales que suavizan la volatilidad están por ningún lado, los vendedores están obligados a ventas de fuego.
Esta combinación de liquidez macro y la falta de liquidez del mercado es una bomba de tiempo. Hasta el momento, se ha llevado sólo a los accidentes de flash volátiles y los cambios repentinos en la rentabilidad de los bonos y los precios de las acciones. Pero, con el tiempo, los bancos centrales ya crear liquidez para suprimir la volatilidad a corto plazo, más se va a alimentar burbujas de precios de acciones, bonos y otros mercados de activos. A medida que más inversores se acumulan en la sobrevaloración de los activos, cada vez más ilíquidos - como los bonos - el riesgo de un choque a largo plazo aumenta.
Este es el resultado paradójico de la respuesta política a la crisis financiera. Liquidez Macro es alimentar a los auges y burbujas; pero la falta de liquidez del mercado eventualmente desencadenar un busto y el colapso.

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miércoles, 29 de abril de 2015

Ben Bernanke y la Regla de Taylor

http://www.brookings.edu/blogs/ben-bernanke/posts/2015/04/28-taylor-rule-monetary-policy?cid=00900015020149101US0001-0428

The Taylor Rule: A benchmark for monetary policy?

Stanford economist John Taylor's many contributions to monetary economics include his introduction of what has become known as the Taylor rule (as named by others, not by John). The Taylor rule is a simple equation—essentially, a rule of thumb—that is intended to describe the interest rate decisions of the Federal Reserve's Federal Open Market Committee (FOMC).
The Taylor rule is a valuable descriptive device. However, John has argued that his rule should prescribe as well as describe—that is, he believes that it (or a similar rule) should be a benchmark for monetary policy. Starting from that premise, John has been quite critical of the Fed's policies of the past dozen years or so. He repeated some of his criticisms at a recent IMF conference in which we both participated. In short, John believes that the Fed has not followed the prescriptions of the Taylor rule sufficiently closely, and that this supposed failure has led to very poor policy outcomes. In this post I will explain why I disagree with a number of John's claims.

Taylor Rule Basics

I'll begin with some Taylor rule basics. Historically, the FOMC has set monetary policy by raising or lowering its target for the federal funds rate, the interest rate at which banks make overnight loans to each other. The Taylor rule, which John introduced in a 1993 paper, is a numerical formula that relates the FOMC's target for the federal funds rate to the current state of the economy. Here's the formula:
r = p + .5y + .5(p – 2) + 2 (the “Taylor rule”)
where
r = the federal funds rate
p = the rate of inflation
y = the percent deviation of real GDP from a target
Normally, the Fed's "target" for real GDP is potential output, the amount the economy can sustainably produce when capital and labor are fully employed. With that assumption, the variable y in the Taylor rule can be interpreted as the excess of actual GDP over potential output, also known as the output gap.
To put the equation into words, the (original) Taylor rule predicts that the FOMC will raise the federal funds rate (tighten monetary policy) by one-half percentage point:
(1) for each percentage point that inflation rises relative to the Fed's target, assumed to be 2 percent; or
(2) for each percentage point that that output rises relative to its potential.
The Taylor rule also predicts that when inflation is at target and output is at potential (the output gap is zero), the FOMC will set the real federal funds rate at 2 percent—about its historical average. In his 1993 paper, John showed that the rule described FOMC behavior over the previous half dozen years or so quite well.

Taylor's Critique of Fed Policy

The Taylor rule provides a nice, simple description of how monetary policy has been made in the past. But what does it say about how monetary policy should be made?
Originally, John did not seem to believe that his eponymous rule should be more than a general guideline. Indeed, in his 1993 article, he took pains to point out that a simple mechanical rule could not take into account the many factors that policymakers must consider in practice. (See my IMF remarks for a relevant passage from Taylor 1993. See also Taylor 1999.) I believe that John's original view was sensible. As a policymaker I often referred to various policy rules, including variants of the Taylor rule. However, it seemed to me self-evident that such rules could not incorporate all the relevant considerations for making policy in a complex, dynamic economy.
Lately, though, John has taken a much more prescriptive view, essentially arguing that policy should hew closely to the Taylor rule (or a similar rule) virtually all the time, and that even relatively small deviations from the rule can have enormous costs. He has made two specific claims, see for example here and here:
  • First, John argues that the FOMC kept interest rates much lower than prescribed by the Taylor rule during 2003-2005, and that this deviation was a major source of the housing bubble and other financial excesses.
  • Second, he asserts that the Fed’s monetary policy since the financial crisis has not been sufficiently rule-like, and that policy has been too easy. He says that, if the FOMC had been following the Taylor rule, it would have ended its policy of near-zero interest rates several years ago. He blames much of the disappointing recovery on the Fed’s putative deviations from the Taylor rule.
The basis of John's claims is findings like those of Figure 1 below, which is my update of the original Taylor rule for the period 1993 to the present. To construct Figure 1, I followed Taylor's original paper and measured inflation using the GDP deflator (more on this in a moment). To measure the output gap, for the period through 2009 I used estimates prepared by Federal Reserve staff for FOMC meetings, which are disclosed after a five year lag. For 2010 through the present, for which Fed staff estimates of the output gap are not yet publicly available, I used estimates produced and published by the Congressional Budget Office. Importantly, for all figures in this post, I used only data that were known to policymakers at the time they made their decisions. Because initial data are often substantially revised, using real-time data is essential for evaluating policy choices. (See my note for more information about data sources and this file for the data itself).
As you can see, the figure shows the actual fed funds rate falling below the Taylor rule prescription both in 2003-2005 and since about 2011. That is, if the Taylor rule shown in Figure 1 is the benchmark, then monetary policy was at least somewhat "too easy" in both those periods.

I responded to assertions similar to John's first claim, that too-easy money caused the US housing bubble, in a 2010 speech. Briefly, I argued there that the Fed's interest-rate policies in 2003-2005 can't explain the size, timing, or global nature of the housing bubble. I won't repeat those points here. Instead, I want here to address John's critique on its own grounds, by examining whether it's really true that—relative to a plausible Taylor rule benchmark—US monetary policy was too easy during 2003-2005 and in the period since the crisis.

A Modified Taylor Rule

To check the robustness of John's claims, I calculated the policy predictions of a Taylor-type rule that was modified in two ways that seem sensible to me.
First, I changed the measure of inflation used in the Taylor rule. In his 1993 paper, John chose to measure inflation using a price index known as the GDP deflator (I used that measure of inflation in constructing Figure 1 above). However, when talking about inflation, economists (and the FOMC) usually mean the rate of increase of consumer prices. The GDP deflator incorporates not only the prices of domestically produced consumer goods and services, but also other categories of prices, such as the prices of capital goods and the imputed prices of government spending (on defense, for example). It also excludes the prices of imports, including imported consumer goods.
In practice, the FOMC has long been clear that its preferred measure of inflation is the rate of change in consumer prices, as reflected specifically in the deflator for personal consumption expenditures (PCE). The FOMC targets overall PCE inflation, but has typically viewed core PCE inflation (which excludes volatile food and energy prices) as a better measure of the medium-term inflation trend and thus as a better predictor of future inflation. Accordingly, I define inflation for the purposes of my modified Taylor rule as core PCE inflation.1
Second, it's important to consider how policy responds, quantitatively, to changes in inflation and the output gap. The original Taylor rule assumes that the funds rate responds by a half-percentage point to a one percentage point change in either inflation or the output gap (that is, the coefficient on both variables is 0.5). In principle, the relative weights on the output gap and inflation should depend on, among other things, the extent to which policymakers are willing to accept greater variability in inflation in exchange for greater stability in output. Some research subsequent to John's original paper, summarized by Taylor (1999), found a case for allowing a larger response of the funds rate to the output gap (specifically, a coefficient of 1.0 rather than 0.5). In my experience, the FOMC paid closer attention to variants of the Taylor rule that include the higher output gap coefficient. For example, Janet Yellen has suggested that the FOMC's "balanced approach" in responding to inflation and unemployment is more consistent with a coefficient on the output gap of 1.0, rather than 0.5. In my modified Taylor rule I assumed the higher coefficient on the output gap.
Figure 2 below shows the predictions for the federal funds rate of my preferred version of the Taylor rule, which measures inflation using the core PCE deflator and assumes that the weight on the output gap is 1.0 rather than 0.5.

As you can see in the figure, the predictions of my updated Taylor rule (green line) and actual Fed policy (dashed black line) are generally quite close over the past two decades (the green line starts in 1996 because real-time data for the core PCE deflator are not available before then). In particular, it is no longer the case that the actual funds rate falls below the predictions of the rule in 2003-2005.
As for the period since the financial crisis, the modified Taylor rule in Figure 2 suggests that the "right" funds rate was quite negative, at least until very recently. If the Taylor rule predicts a sharply negative funds rate, which of course is not feasible, then it seems sensible for the FOMC to have done what it did: keep the funds rate close to zero (about as low as it can go) while looking for other tools (like purchases of securities) to achieve further monetary ease.2
As John points out, the US recovery has been disappointing. But attributing that to Fed policy is a stretch. The financial crisis of 2007-2009 was the worst at least since the Depression, and it left deep scars on the economy. The recovery faced other headwinds, such as tight fiscal policy from 2010 on and the resurgence of financial problems in Europe. Compared to other industrial countries, the US has enjoyed a relatively strong recovery from the Great Recession.
In short, Figure 2 argues against Taylor's two criticisms, on their own terms. Relative to a modified but plausible Taylor rule, monetary policy since the early 1990s seems reasonable and consistent.
It could be argued, of course, that my two modifications of the original Taylor rule are not reasonable. Frankly, I don't think there is much of a case for not employing real-time data or for using the GDP deflator to measure inflation rather than using overall or core PCE inflation. With respect to the choice of the weight on the output gap, the research on Taylor rules does not provide much basis for choosing between 0.5 and 1.0. However, the choice of 1.0 seems best to describe the FOMC's efforts to support job growth while also keeping inflation close to target in the medium term.
I also note an odd feature of the Taylor rules I estimated with the original coefficient of 0.5 on the output gap. No matter what inflation measure is chosen, such rules tend to imply that Fed policy was too tight in the 1990s, as well as too easy in 2003-2005. (You can see this result for the GDP deflator in Figure 1. It's also true if overall PCE inflation is used as the inflation measure.) If easy money is an important cause of bubbles, how can the large gains in the stock market in the 1990s be reconciled with monetary policy that appears if anything too tight?

Monetary Policy: Systematic, Not Automatic

I've shown that US monetary policy since the early 1990s is pretty well described by a modified Taylor rule. Does that mean that the Fed should dispense with its elaborate deliberations and simply follow that rule in the future? In particular, would it make sense, as Taylor proposes, for the FOMC to state in advance its rule for changing interest rates?
No. Monetary policy should be systematic, not automatic. The simplicity of the Taylor rule disguises the complexity of the underlying judgments that FOMC members must continually make if they are to make good policy decisions. Here are just a few examples (not an exhaustive list):
  • The Taylor rule assumes that policymakers know, and can agree on, the size of the output gap. In fact, as current debates about the amount of slack in the labor market attest, measuring the output gap is very difficult and FOMC members typically have different judgments. It would be neither feasible nor desirable to try to force the FOMC to agree on the size of the output gap at a point in time.
  • The Taylor rule also assumes that the equilibrium federal funds rate (the rate when inflation is at target and the output gap is zero) is fixed, at 2 percent in real terms (or about 4 percent in nominal terms). In principle, if that equilibrium rate were to change, then Taylor rule projections would have to be adjusted. As noted in footnote 2, both FOMC participants and the markets apparently see the equilibrium funds rate as lower than standard Taylor rules assume. But again, there is plenty of disagreement, and forcing the FOMC to agree on one value would risk closing off important debates.
  • The Taylor rule provides no guidance about what to do when the predicted rate is negative, as has been the case for almost the entire period since the crisis.
  • There is no agreement on what the Taylor rule weights on inflation and the output gap should be, except with respect to their signs. The optimal weights would respond not only to changes in preferences of policymakers, but also to changes in the structure of the economy and the channels of monetary policy transmission.
I don't think we'll be replacing the FOMC with robots anytime soon. I certainly hope not.


1. To reiterate, core inflation is used because of its predictive properties for overall inflation, not because core inflation itself is the target of policy. I showed in my 2010 speech that the results are similar to those below when real-time forecasts of inflation are used instead.
2. I caution against reading too much into the fact that the modified Taylor rule predicts a positive federal funds rate at the far right end of the figure. The FOMC has many factors to consider in its decisions. For example, the Taylor rule used in Figure 2, like the original Taylor rule, assumes that the long-run real funds rate is 2 percent. If the equilibrium real funds rate is lower than that, as both financial markets and FOMC participants appear to believe, then the modified Taylor rule used in Figure 2 may currently be predicting a funds rate that is too high.