Ni la devaluación del peso frente al dólar es la gran tragedia nacional ni tampoco es algo que sea irrelevante.
En
una coyuntura como la que vivimos surgen quienes se colocan en los
extremos. Los que todavía piensan –como decía el tristemente célebre
José López Portillo– que hay que defender el peso ‘como perro’, pero
también hay otros que equivocadamente suponen que la devaluación es
inocua.
Para entender bien el impacto que el dólar caro tiene en nuestra economía, hay que regresar a ‘los básicos’.
La paridad del peso frente al dólar es un precio relativo, que nos afecta negativa o positivamente, según nuestra posición en la economía.
En un mercado abierto, líquido y relativamente libre, como el cambiario, la paridad se fija principalmente por la oferta y la demanda, que una medida importante se presentan en los mercados financieros más grandes del mundo, como Nueva York, Londres o Chicago.
Lejos
están los tiempos en los que el Banco de México tenía en sus manos la
fijación del tipo de cambio. Hoy quizás pueda influir un poco, dando
liquidez (vía las subastas de dólares) o subiendo el rendimiento de los
activos en pesos (vía las tasas de interés).
El encarecimiento del dólar tiene impactos de dos órdenes. De primer orden haciendo que los precios de bienes, servicios y activos o pasivos en dólares, se incrementen.
Esto ya ha ocurrido en cierto grado.
Pero
también hay efectos de segundo orden. Si existe la percepción de que el
incremento del valor del dólar va a ser permanente, entonces, influye también en las expectativas y por lo mismo en los procesos de fijación de precios.
El
tipo de cambio corporativo al cierre del año pasado fue de 17.20 pesos.
De acuerdo con la encuesta de expectativas que el Banxico dio a conocer
esta semana, la expectativa para el cierre de 2016 es de 17.60 y de
17.17 para diciembre de 2017.
Esto quiere decir que la devaluación esperada este año es de 2.3 por ciento y para dentro de dos años, se plantea incluso una apreciación leve.
Mientras esta expectativa domine los mercados, probablemente no veamos impactos de segundo orden.
Pero, entre los impactos de primer orden sí hay ya ganadores y perdedores.
Ganan quienes tienen activos en dólares (como el Banco de México); pierden quienes tienen deudas en dólares e ingresos en pesos (como algunas constructoras).
Ganan quienes exportan
una parte elevada de su producción y pagan costos en pesos, como las
armadoras o empresas hoteleras. Pierden quienes importan una parte
importante de sus insumos y tienen que vender en pesos, como empresas
del sector electrónico. Ganan quienes reciben sus remesas y pierden quienes en la frontera hacen compras en dólares.
El cambio es profundo. Del 30 de junio de 2014 al día de ayer, la devaluación nominal fue de 40.4 por ciento y la real de 33.5 por ciento.
Los efectos sobre ganadores y perdedores van a ser profundos, y por lo mismo, los veremos en el mediano plazo.
Como le he comentado en otras ocasiones, creo que a la larga, este proceso fortalecerá la posición del país como líder exportador de bienes y servicios
en la región y dará un nuevo aliento al crecimiento del país en el
momento en el que el mercado norteamericano se recupere de manera más
visible.
Image copyrightGettyImage caption
La cadena de bloques podría reducir el comercio ilegal de diamantes.
La incipiente
tecnología de la cadena de bloques, con la que funciona la moneda
virtual bitcoin, puede cambiar profundamente algunos sectores, desde el
bancario al comercio ilegal de diamantes.
Esta semana, el principal asesor científico de Reino Unido aconsejó al gobierno británico que adopte esta tecnología.
El Instituto de la Propiedad de Honduras,
por otro lado, pidió a una empresa estadounidense que elabore un
prototipo de registro de la tierra basado en la cadena de bloques,
explicó el semanario The Economist.
Y el diario The Guardian se preguntó si estamos ante la mayor invención de nuestra era en el sector de la tecnología de la información.
Pero, ¿qué es la cadena de bloques y por qué está causando tanto revuelo?
Un gran registro
La cadena de bloques es un método para registrar datos: un libro de contabilidad digital de transacciones, acuerdos, contratos…cualquier cosa que necesita ser registrada independientemente y verificada.
La
gran diferencia es que este libro de contabilidad no se almacena en un
solo sitio, sino que se distribuye a través de varios, cientos o incluso
miles de computadoras de todo el mundo.
Y cualquier persona de la red puede acceder a una versión actualizada, así que es muy transparente.
¿Cómo funciona?
Los
registros digitales se amontonan en "bloques" y luego se unen
criptográficamente y cronológicamente en una "cadena" que utiliza
complejos algoritmos matemáticos.
El proceso de encriptación, conocido en inglés como "hashing", lo hacen muchas computadoras diferentes. Image copyrightThinkstockImage caption
Los comerciantes holandeses inventaron la
transferencia de balanzas de contabilidad: la cadena de bloques es la
última versión.
Si todas coinciden con la respuesta, cada bloque recibe una firma digital única.
"No
almacenas detalles de la transacción, sino solo que tuvo lugar y el
resumen criptográfico de la transacción", explica Adrian Nish, jefe de
inteligencia sobre amenazas de BAE Systems.
Una vez actualizado,
el libro no se puede alterar ni cambiar, solo se pueden añadir cosas, y
se actualiza para todo el mundo en la red al mismo tiempo.
¿Por qué es un método tan inteligente?
La
naturaleza distributiva de la base de datos de la cadena de bloques
implica que es más difícil para los hackers atacarla: tendrían que
acceder a cada una de las copias de la base de datos simultáneamente
para tener éxito.
También mantiene los datos seguros y privados
porque el resumen criptográfico no puede volver a convertirse a los
datos originales: es un proceso que va en una sola dirección. Image copyrightThinkstockImage caption
Los datos de la cadena de bloques están sometidos a la conocida como encriptación 256-bit.
Así que si el documento original o la transacción
fueran alterados, producirían una firma distinta, alertando a la red de
la falta de concordancia.
En teoría, el método hace que el fraude y el error sean menos comunes y más fáciles de detectar.
¿Es algo nuevo?
La idea lleva décadas dando vueltas, pero se hizo conocida en 2008 con la invención de la moneda digital Bitcoin.
Los
bitcoins son creados por computadoras que resuelven complejos puzles
matemáticos y esto requiere una gran potencia de computación y
electricidad.
La cadena de bloques es la tecnología que está detrás.
Pero no solo hay un programa: muchas empresas, desde Ethereum a Microsoft, están desarrollando sus propios servicios de cadena de bloques.
Algunos están abiertos para todo el mundo, mientras que otros restringen el acceso a un grupo selecto de personas.
¿Por qué los bancos están interesados?
"Los
bancos se hacen cosas muy similares entre ellos, aunque compitan", dice
Simon Taylor, vicepresidente de investigación y desarrollo de la cadena
de bloques para el banco Barclays. Image copyrightGettyImage caption
El Bitcoin continúa siendo una moneda virtual controvertida.
"Básicamente mantienen nuestro dinero seguro y una
gran computadora mantiene el registro de quién tiene qué. Pero hacer que
estas computadoras hablen entre ellas es muy complejo y caro, la
tecnología se está quedando un poco obsoleta", dice.
Si los bancos
empezaran a compartir datos utilizando una versión adaptada de la
cadena de bloques, esto eliminaría la necesidad de intermediarios, mucho
procesamiento manual y aceleraría las transacciones, lo cual reduciría
los costes, dice Taylor.
Tener acceso a un libro abierto y
transparente de transacciones bancarias también sería útil para los
reguladores, dice. Y podría ayudar a los gobiernos a reducir el fraude fiscal.
La
empresa tecnológica R3 CEV ha convencido a más de 40 bancos de todo el
mundo, incluidos Barclays, UBS y Wells Fargo, para que se unan en un
consorcio que explore la tecnología.
Esta misma semana, R3 anunció que 11 instituciones financieras globales
han participado en un experimento que implica el intercambio de fichas a
través de una red privada global sin la necesidad de una tercera parte
que verifique las transacciones.
"Estamos al principio de esta tecnología, pero el potencial es enorme", concluye Taylor.
¿En qué nos puede beneficiar?
Si
los bancos y otras instituciones financieras son capaces de acelerar
las transacciones y eliminar los costes del sistema, esto implicaría que
los servicios para el usuario se vuelven más baratos y más eficientes. Image copyrightGettyImage caption
UBS es uno de los bancos globales que investigan el potencial de la cadena de bloques.
El año pasado, el banco de inversión Goldman Sachs y
la empresa de inversiones china IDG Capital Partners invirtieron US$50
millones en Circle Internet Financial, una start-up que tiene como objetivo explotar la tecnología de cadena de bloques para mejorar las transferencias de dinero en operaciones de consumo.
Circle,
cofundado por el emprendedor Jeremy Allaire, ha creado una cartera
digital para bitcoins, pero los usuarios pueden decidir si envían o
reciben dinero en dólares también.
La idea es que los pagos entre países puedan ser tan fáciles como enviar un mensaje o un correo electrónico.
¿Qué tiene que ver con los diamantes?
Y sí, no todo se trata de la banca.
La
empresa de tecnología Everledger está usando la cadena de bloques para
desarrollar un sistema de garantías que permita a las empresas mineras
verificar si sus diamantes en bruto están siendo utilizados por milicias para financiar conflictos, y así poder cumplir con el Proceso de Kimberley, una certificación gubernamental y de la sociedad civil para los diamantes. Image copyrightGettyImage caption
El Proceso de Kimberley certifica la procedencia de los diamantes.
La historia de propiedad y el valor de cada diamante
está disponible para cualquiera que la quiera ver, con la seguridad de
que la información no ha sido manipulada o corrompida.
En los seis meses que lleva en marcha, Everledger ha añadido casi 850.000 diamantes a su base de datos de cadena de bloques.
Otros ejemplos
La
empresa tecnológica estonia Guardtime ha estado al frente de la
transformación digital del país, utilizando su versión de cadena de
bloques para ayudar al gobierno a gestionar y proteger los datos de los
ciudadanos en unos 1.000 servicios online.
"Lo que hacemos es manejar datos a una escala masiva", dice Matt Johnson, el oficial jefe de tecnología.
"Hemos
aplicado estas capacidades a la ciberseguridad, proporcionando
detección en tiempo real de alteraciones no autorizadas para proteger
infraestructuras críticas", dice.
Image copyrightThinkstockImage caption
Esta tecnología puede ayudar a proteger los datos de los ciudadanos.
"También estamos ayudando a las empresas globales de
telecomunicaciones, como Ericsson, a proteger y monitorear la
integridad de sus redes clave".
En la era de la big data y la internet de las cosas, ser capaz de asignar una firma digital a cada bit de datos es también útil, sugiere Johnson.
Y
verificar y grabar cada etapa en el desarrollo de un programa de
software o producto ayudará a mejorar la calidad y la fiabilidad,
mantiene.
Puede ser que aún no entendamos de todo la cadena de bloques, pero parece que su influencia va a ser profunda.
Today’s richest Americans may soon blow past the tycoons of the
Roaring Twenties. Lance Taylor explains why, and what to do about it.
A new paper
by economist Lance Taylor for the Institute For New Economic Thinking’s
Working Group on the Political Economy of Distribution takes on the way
economists have looked at wealth and income inequality. Taylor’s
research challenges some conclusions about what’s driving inequality
made by Thomas Piketty and Joseph Stiglitz. What’s really causing the
growing gap between haves and have-nots? Is it mechanical market forces?
Outsourcing? Real estate? As Taylor sees it, economists have gotten the
answer wrong. Worker exploitation and outsized business profits are
factors, but even more key are the unjustified payments to the wealthy
generated by our outsized financial sector. This hasn’t just “happened.”
Flawed economic theory and politicians beholden to the rich lead to
policies that make it happen. We can fix the problem, but it will take
bold steps. Lynn Parramore: You recently
dived into the debate on what causes wealth and income inequality — and
whether or not we can fix it within the existing social order. Heated
discussions among economists got touched off by Thomas Piketty’s
bestselling book, Capital in the Twenty-First Century, but you
say that a key part of the story actually is a debate that happened in
the late 60s and early 70s, the “Cambridge capital controversy.” Why is
this old debate so vital now?
Lance Taylor: Because it tells us that mainstream economists have been
wrong in how they think about inequality for a long time. Which means
that they haven’t been particularly helpful in solving the problem. This
is one of the key challenges of our time. We can do better.
LP: Ok, so tell us a little about this debate and why the ordinary person should care about it.
LT: The Cambridge capital controversy between economists at MIT in the
U.S. and at Cambridge University in the U.K. took place at two levels.
Especially for the Brits, the first level was about whether
distributions of income and wealth are partly shaped by social and
political relationships – class conflict if you will – or mostly by
“market forces.”
There were technical skirmishes at the second level – one in particular
about the nature of capital and the role of the rate of profit made by
producers. Nobody denied that we need capital goods – machines,
computers, buildings, railroad tracks – to produce stuff. The question
was whether it makes sense to talk about an economy-wide all-
encompassing capital stock. The MIT crowd wanted to say that if you have
more capital stock, then 3 things will happen: 1) the profit rate will
fall due to decreasing returns, 2) output and the real wage will go up
and 3) as far as distribution is concerned the world will be a better
place. These ideas are built into the standard mainstream model of
economic growth, mostly because of MIT’s Bob Solow and Trever Swan from
Australia, influential economists who invented it. Thomas Piketty relies
on this model in his book.
Any time you produce something, you’re going to use some combination of
capital goods. Trains haul iron ore, which makes steel, which makes
railroad tracks. The theory of capital has always centered on the
implications of how much it costs to use these goods. The Cambridge
controversy focused on the question of what were the cheapest costs for
using workers together with different combinations of capital goods as
the rate of profit changes.
Complications arise because the production cost of each good depends on
the profit rate along with the prices of the other goods. Accounting
for the interactions is a bit tricky. In the end, all participants in
the old Cambridge debate agreed that the same combination could have the
lowest cost at two or more different levels of the profit rate, with
other techniques being cheaper in between. The bottom line is this:
there is no clear relationship between the total value of capital and
profitability. In general, Solow and Piketty’s key assumption about how
wages and profits respond to the “size” of the capital stock does not
apply.
The prevailing ideology among economists is that maybe with a few
tweaks around the edges, market processes pay different forms of
capital, labor, and real estate in line with their economic
productivities. The market’s results are close to being optimal in that
sense. But if different profit rates can show up with the same batch of
capital and labor, that ideology is challenged. Some “non-economic”
factors must enter into determining which situation applies. There are
many views about what these factors are. But they must be taken into
consideration.
LP: So it’s not just some kind of mechanism of production and market
forces that determines who ends up with a big share of the income pie
and who doesn’t. That’s a pretty big deal. Today, conventional economics
has clearly tried to downplay that whole debate— kind of sweeping it
under the rug. What is your response to these economists?
LT: The debate’s conclusion has not just been downplayed. It is simply
ignored. Yet the reality is that market forces alone cannot determine
who gets wealthy and who doesn’t. In 1966, MIT’s Paul Samuelson, a Nobel
laureate, rather graciously conceded as much. Even so, macroeconomics
courses at leading U.S. and U.K. departments continued to be based on
the theory that failed. MIT’s canonical 1989 macro textbook by Olivier
Blanchard and Stanley Fischer did not bother to mention the controversy.
Economists are conditioned to believe in the optimality of the market.
That’s why they have been in denial for so long that change is not
likely in the short run. But we have to try, because getting this wrong
means that economists promote machine-like models that suggest that it
is simply some invisible mechanism (or maybe an invisible hand) that
ensures that workers don’t get paid very much, that owners make high
profit rates, and that the economy will be just fine under these
conditions Along with colleagues at the New School for Social Research
(supported in part by the Institute) I am now working on growth models
in which overall demand for goods and services and income and wealth
distribution play much more central roles in the economy than in Solow’s
machine. There is a capital aggregate, but it bears no clear
relationship to the profit rate.
LP: Your paper is critical of some of Thomas Piketty’s views. Can
you briefly describe how you differ with his take on inequality?
LT: Piketty’s data work is formidable, but questions remain. One,
unsurprisingly, is about how to value capital. Possibly aside from a
residence (with mortgage attached), you and I as members of households
do not own physical capital. At most we own financial claims such as
stocks and bonds against companies which own the physical assets. Our
personal wealth ultimately depends on how these assets and claims are
valued.
The traditional way of valuing capital does not take Cambridge
complications into account, but at least it does examine the costs of
producing new capital goods and how rapidly they depreciate in use.
Adding up their costs over time gives a “perpetual inventory” estimate
of the capital stock, which we use in our growth models.
The alternative is to mark up a company’s perpetual inventory of
capital by the market value of its shares. Economists talk about the
ratio (they call it
q) of these two numbers. Estimates differ in detail, but after around 1980, qhas
gone up significantly. Piketty’s estimate of the wealth of households
is based on stock market valuations. That’s fine if you believe that the
ratio of stock market value to capital will stay high indefinitely. But
John Maynard Keynes, the 20th century’s greatest economist, warned
against “the dark forces of time and ignorance which envelop our
future,” especially for numbers from financial markets.
We don’t have a crystal ball, so we had better be careful when building
models and equations that say what markets will do. An engineer
designing an investment project is not going to look at her company’s
stock market quotation. Her job is to find a least-cost combination of
capital goods and labor to satisfy the project’s needs. In that sense,
Piketty’s wealth estimates ignore both capital theory and what
practitioners really do.
LP: You’re also critical of Joseph Stiglitz’s perspective on real
estate as a big driver of the giant increases in inequality in recent
years. What role do you think real estate played and how is that view
different from what Stiglitz proposes?
LT: Here again the details are messy. Both Piketty and Stiglitz talk
about “rent” which is a slithery concept. Basically it is a payment to
some economic entity with a strong market position – say to a holding
company controlled by your landlord, which owns your apartment, or to a
politician who can arrange a tax break for your firm. Neoclassical
economists interpret exploitation in terms of rents and bribes. This
approach ignores the social structures that give certain people
opportunities to extract such payments. In principle, crooked
politicians can be removed.
The question of how we value assets adds another layer of complication.
If a rent is expected to continue over time, then, in a stable
financial market, its discounted present value constitutes wealth. The
simplest calculation “capitalizes” the rental flow by dividing it by the
interest rate. Rent on residential housing appears in the national
accounts. As a share of GDP, it has been rising recently. But even so,
its capitalized value is roughly equal to the worth of the housing stock
as estimated by perpetual inventory. In the U.S., rents on agricultural
land and for ownership of natural resources are small shares of GDP.
You may see a lot of towers owned by new billionaires along Manhattan’s
57
th street, but real estate is not the major contributor to
wealth inequality. Rather, in Manhattan, the Bay area, London, and
similar places, incredibly expensive real estate is a symptom of wealth
that has been accumulated by other means.
LP: Some of your recent work takes a detailed look at the way people
in the U.S. share the economic pie and how income flows to different
groups over time. Since real estate is not a prime driver of wealth or
income inequality, what is? What do you think the actual role of real
estate has been relative to other factors? What are the roles of things
like outsourcing? Executive compensation?
LT: Let’s distinguish between income and wealth inequality. We have
been working on integrating information on how income is distributed
across households from the Congressional Budget Office into the national
accounts. The income share of the top one percent has risen by ten
percentage points since around 1990 – a
very big change for such an indicator. Those million-odd households now get around 15 percent of national income, which is huge.
Where does this money come from? One chunk is labor pay. The top one
percent of households get seven percent of the national total – that’s
where high executive compensation comes in. But financial payments
including interest, dividends, share buybacks, and capital gains
(increases in asset prices à la Piketty and Stiglitz) are more
important.
Let me bring in one last observation about national accounting. Aside
from minor transfers, business profits equal interest and dividend
payments to households, taxes, and business saving (retained earnings).
Two things are important to know: 1) the business profit share has been
increasing steadily across business cycles (which is not supposed to
happen according to the Solow model) and 2) household capital gains have
exceeded business saving net of depreciation which is why that the
q ratio I mentioned has gone up. Rich households have benefitted
from both trends, along with low taxes on “carried interest” (a
loophole used by hedge fund managers) and other accounting tricks. They
also save more than the lower classes, say 40 percent of income for the
top one percent versus 15 percent or 20 percent for households between
the 60th and 99th percentiles of the size distribution and negative saving (as well as inconsequential wealth) for the rest.
Rising profits, big capital gains, and high savings explain why the rich are getting richer.
According to Piketty’s colleagues Emmanuel Saez and Gabriel Zucman, the
share of wealth of the top one percent was around 50 percent on the eve
of the Great Depression. With high taxes inherited from the New Deal
and WWII, along with a sluggish stock market, the share fell to 25
percent in the 1960s. Now it has crept back up to around 40 percent
(other estimates come in a bit lower). Our calculations, based on a
Cambridge U.K. growth model proposed by economist Luigi Pasinetti,
suggest that with current saving rates and high profits the share could
rise to 60 percent.
LP: So pretty soon our wealthy will be riding higher than their counterparts in the Roaring Twenties?
LT: Potentially, yes.
LP: We know you’ve been skeptical
of the quick fixes pushed by folks in the political realm to fix
inequality. Given the enormous size of the gap, what would it take to do
it? Basic income? Wage increases? Changes to tax codes? Can we fix it within the existing social order?
The existing social order does not necessarily guarantee that the rich
will get richer (remember Keynes on the essential uncertainty of the
future). But even if they do, a stiff tax on capital gains could be used
to build up a socially-oriented wealth fund that would help offset
that.
Look at Norway’s “oil fund,” which takes a cut of petroleum revenues
and invests the money while giving a small annual pay-out from its
investment returns. An example closer to home is California’s CalPERS
retirement fund. The key point is that such funds can save at a higher
rate than wealthy households, amassing market power and potentially
using capital income for social purposes.
In the labor market, real wages of employees have lagged productivity
growth, which is why the profit share for the boss has gone up.
Outsourcing has played some role, but policies and legal interpretations
(think of so-called “right to work” legislation and attacks on public
sector unions) that reduce labor’s bargaining power have been more
important. Recreating that power could reverse the trends and slow the
accumulation of wealth. Our studies and others suggest that simply
raising taxes on the rich and transferring the proceeds downward in the
income distribution will not have a large immediate effect on
distribution, but the impacts could cumulate over time.
It
is possible to reduce U.S. wealth and income disparity, but
reversing the trends of the past 30 or 40 years that got us there will
not be easy or quick.
Riesgo país de México es defensivo, pero mercados lo ignoran
El riesgo país de
México, un indicador que permite evaluar la fortaleza de las finanzas
públicas, se ubica en mejores niveles que el de otras naciones
emergentes, un comportamiento que no se ha reflejado en los mercados
financieros.
Esteban Rojas
Esteban Rojas
05:00 AM
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Hasta el lunes, el indicador EMBI+ para el país se ubicaba en 266 puntos, mientras que el EMBI+ Global, que agrupa a todos los países emergentes, se situó en 453 unidades.
Respecto a otros países de Latinoamérica, el indicador de México es uno de los más bajos.
Entre
de las economías de la región que compiten por los capitales están
Brasil y Argentina, con niveles de 523 y 515 puntos en cada caso. El
riesgo país de México también compara favorablemente con el de Colombia,
de 385 puntos.
Frente a países de otras regiones, como Rusia,
Indonesia, Turquía y Sudáfrica, el índice local también está mejor
posicionado. Venezuela es el país con mayor riesgo país, con 3 mil 355
puntos.
“Cuando regrese la calma, los inversionistas estarán
atraídos a México por sus prospectos de crecimiento, y manejo económico
prudente”, explicaron analistas de HR Ratings en un reporte.
Ante un contexto de aversión al riesgo, el ritmo al que ha crecido el EMBI+ de México también ha sido menor al de otros países y regiones. En
lo que va de 2016, el indicador global creció 43 puntos base, mientras
que el local subió 34 puntos. Argentina y Colombia tuvieron incrementos
de 77 y 64 puntos, respectivamente.
La menor velocidad a la que
crece el riesgo país de México también refleja los mejores fundamentales
del país para enfrentar la turbulencia financiera internacional.
SIN EFECTO EN EL MERCADO A pesar del menor riesgo, el peso mexicano
ha sido una de las monedas más golpeadas en lo que va de 2016, pues la
liquidez de la moneda otorga a los inversionistas un atractivo como
cobertura.
En lo que va del año, el peso mexicano ha caído 6.74
por ciento, en tanto que la moneda de Argentina ha perdido 6.60 por
ciento, la de Rusia 6.03 por ciento, la de Colombia y Sudáfrica 5.8 por
ciento y la de Brasil 2.16 por ciento.
“Los principales indicadores de volatilidad cambiaria
(implícita e histórica a un mes) han mostrado un significativo repunte
en las semanas reciente”, explicó Joel Virgen, economista de
Banamex-Citi.
“Mientras la cotización nominal del peso frente al dólar
ya ha tocado sus mínimos históricos, en términos reales bilaterales y
multilaterales, la paridad se encontraría en sus niveles más subvaluados
desde 1995”.
La caída en los precios del petróleo también ha tenido un fuerte efecto negativo sobre la moneda mexicana.
“La
depreciación (del peso) deja en evidencia que la especulación en base
al comportamiento del precio del petróleo está lejos de terminar”,
concluyó Gabriela Siller, directora de análisis económico de Banco Base.
MÉXICO,
DF (apro).- Luego de que las acciones de la constructora Ingenieros
Civiles Asociados (ICA) tocaron niveles mínimos al ofertarse en 2.07
pesos, este viernes dieron un salto “inusitado”: los títulos de la
compañía presidida por Bernardo Quintana Isaac cerraron a un precio de
3.35 pesos en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), lo que representa un
alza de 61.8%.
El repunte fue tan inesperado que durante la
jornada los papeles fueron suspendidos por hora y media tras el
pronunciado avance, que le permitió a la constructora recuperar más de
43 millones de dólares en valor de mercado.
ICA envió un
comunicado a la BMV en el que aseguró que no tuvo conocimiento de los
movimientos y tampoco de las causas que pudieron dar origen a los
mismos. Corresponden a condiciones propias del mercado, apuntó.
De acuerdo con la constructora fundada en 1979, ignora si en los
movimientos presentados tuvieron participación los miembros de su
consejo de administración, directivos relevantes o su fondo de recompra.
“En caso de que después de hacer una revisión más exhaustiva se
identificara información complementaria en este sentido, ésta será
difundida hoy mismo o a más tardar el día hábil inmediato”, señaló.
La empresa que realizó obras como el metro de la Ciudad de México ha
vivido un vía crucis desde diciembre pasado, cuando anunció el impago de
intereses de un bono que vence en 2024, y de hecho aseguró que trabaja
en un plan de reestructuración de deuda que espera presentar a mediados
de febrero próximo.
No sólo eso, la constructora se ha visto
afectada por los recortes al gasto público, la depreciación del peso y
el endeudamiento por parte de diferentes entidades federativas.
Apenas el pasado miércoles 20 el Consejo de Administración de ICA
decidió que no realizaría el pago de intereses por aproximadamente 6
millones de dólares con vencimiento el 25 de enero de 2016,
correspondientes al cupón de 8.375% del bono con vencimiento en 2017.
“ICA tomó esta decisión con el fin de preservar la liquidez, priorizar
las operaciones vigentes y fondear proyectos que se encuentran en fase
de desarrollo. La compañía está explorando varias opciones que la
ayudarán a manejar su deuda, pero actualmente no tiene transacciones
específicas previstas distintas de las reportadas previamente”, señaló
en un comunicado a la BMV.
Por otra parte, el operador portuario
APM Terminals, parte de la naviera danesa A.P. Moller-Maersk, dejó fuera
a ICA de un proyecto portuario en Lázaro Cárdenas, Michoacán, por más
de 300 millones de dólares