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jueves, 17 de noviembre de 2011

November 17, 2011, 8:32 AM

Subsiding Inflation

Calculated Risk informs us that key measures of inflation have subsided. Still no hyperinflation by 2010.

To be fair, while the inflationistas have been totally wrong, deflationistas like me haven’t been completely right. Here’s a chart, showing unemployment and core inflation during and after two big recessions; in each case the time series starts at the upper left.

I thought this slump would produce a “clockwise spiral” like the 80s recession, and for that matter like what happened in the 70s (not shown). That is, among other things, what textbook adaptive-expectations Phillips curves say should happen. So I thought we might well be into deflation by this point. Instead, while you can see a clockwise spiral, sort of, if you squint, it has been “scrunched” as if it’s bouncing off a hard surface at or near zero.

And that’s almost surely exactly what has happened. Downward nominal rigidity — the great difficulty of actually cutting wages and many prices — is now obvious. And research into PLOGs — prolonged large output gaps — shows that this is a general phenomenon.

So we’ve learned something about price dynamics at low inflation, and some predictions from people like me have proved somewhat wrong. That said, the world is looking a lot more like what the deflationista/liquidity trap types predicted than what the other side claimed would happen.

miércoles, 16 de noviembre de 2011


http://www.jornada.unam.mx/2011/11/16/opinion/032a1eco

La partición de Europa
Alejandro Nadal

Estamos en el umbral del colapso y terminación del euro. Hay pocas probabilidades de que la moneda común europea sobreviva, por lo menos como la hemos conocido desde su creación. Existen opciones para rescatarla, pero tendrían que acompañarse de transformaciones esenciales en la Unión Europea, sino en la forma de aplicar la política macroeconómica. No es para nada evidente que los líderes europeos estén dispuestos a caminar por ese sendero que llevaría a una integración política visionaria.

¿Suena pesimista el pasaje anterior? Veamos lo que dicen los hechos. La subasta de bonos italianos a diez años la semana pasada tuvo que realizarse a un costo financiero superior a 7 por ciento. A ese tipo de tasas, la deuda italiana que ya se sitúa en 120 por ciento del PIB es absolutamente insustentable. Si en algún momento la tasa descendió a niveles de 6.7 por ciento, eso se debió a la intervención momentánea (y con desgano) del Banco Central Europeo (BCE). Roma debe reunir más de 350 mil millones de euros en los próximos meses y cualquier titubeo del BCE haría disparar el costo de la deuda italiana a niveles realmente intolerables. Como es bien sabido, la deuda italiana está cerca de los 2 billones (castellanos) de euros. Es algo demasiado grande para poder respaldar y rescatar. Las medidas de austeridad que ahora se acumulan sobre la economía italiana, impuestas por la troika Unión Europea-FMI-BCE profundizarán la recesión y agudizarán la crisis. Roma ha desplazado a Atenas y se encuentra bien instalada en el centro de lo que es la cambiante crisis europea.

Ante el fracaso de la cumbre europea hace dos semanas para fortalecer el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF). El proyecto de utilizar los recursos actuales del Fondo (unos 440 mil millones de euros) como base de apalancamiento para obtener un billón de euros no ha terminado bien. Hoy el FEEF apenas tiene 200 mmde para ayudar a Italia. Así que lo único que hoy podría hacer frente a la debacle sería una acción decidida del BCE. Pero la clase política en Alemania tiene incorporada en su estructura genética el rechazo a cualquier cosa que se parezca a la emisión de billetes para contrarrestar la fase descendente de un ciclo económico, ya no se diga para entrar al quite en una crisis como la actual. Así que la intervención del BCE no es algo con lo que se pueda contar.

Y si alguien apunta que el BCE ya ha estado interviniendo para apuntalar la deuda de Grecia, Italia y España, hay que señalar que las modalidades de dicha intervención han anulado la eficacia de las medidas adoptadas. Lo primero que hizo el BCE fue anunciar que odiaba profundamente tener que comprar bonos de la deuda griega o italiana y que lo haría por cantidades limitadas y provisionalmente. Con ese desplante le dijo a los inversionistas en el mundo financiero que el BCE tenía total desconfianza de esos bonos, lo que no ayudó nada en las colocaciones de esos bonos. Y ahora que la verdadera magnitud de la crisis se revela ante todos, el BCE ya ha dejado entrever que se acerca el límite de sus intervenciones.

El dogmatismo de la austeridad fiscal terminará por hundir la economía italiana. La restructuración de su deuda no será posible y, de todos modos, no serviría para estimular el crecimiento, generar empleo y aumentar la recaudación. Es decir, Italia está atrapada en un callejón sin salida. Al igual que el caso griego, abandonar el euro se perfila como la única opción.

En ese contexto no sorprende el anuncio de Merkel en Berlín abriendo la posibilidad de una restructuración profunda de la zona euro. Quizás (es lo más probable) está ya pensando en el rompimiento de la zona euro tal y como está armada hoy. Esa reorganización implicaría mantener a unos cuantos países (Alemania, Francia, Holanda) con la moneda común (¿se llamaría el euromark?) mientras los demás recuperarían sus monedas nacionales. Por supuesto, ese cambio implicaría la redenominación de todos los contratos y deudas en las nuevas monedas nacionales y acarrearía pérdidas astronómicas.

Este mensaje es compatible con el que dejó flotando en el ambiente Sarkozy hace unos días sobre la posibilidad de una Europa de dos velocidades. En el núcleo estarían las economías centrales que mantendrían mayor grado de integración. En la periferia estarían otras economías con vínculos mucho menos fuertes con el las economía nucleares. Todo eso significa que varias economías tendrían que abandonar la euro-moneda.

Estos arreglos requerirían cambios en los tratados medulares de la Unión Europea y eso consumiría años de negociaciones. En un pasaje todavía más desafortunado de su discurso, la Merkel afirmó que una comunidad que sostiene que nunca cambiará sus reglas, independientemente de lo que ocurra en el mundo, es una comunidad que simplemente no puede sobrevivir. Esta es la señal de que hay que levantar el campamento. La partición de Europa no irá sin una redefinición profunda del paisaje político, quizás con trágicas consecuencias.

martes, 15 de noviembre de 2011

Sobre la crisis económica italiana

El declive de Italia
José Blanco
O

jalá sea éste un título involuntariamente catastrofista. Pero no estoy muy lejos de afirmar que ello ocurrirá casi ineluctablemente. Revise usted los siguientes datos.

Es el turno de Italia; no le toca en lugar de Grecia, sino sumándose a ella, a Portugal y a Irlanda. El declive de Italia significa que se acerca a un punto sin retorno, traspasado el cual sufrirá mucho con los cambios monumentales que la harán otra, y que, por si fuera poco, no serán los propios italianos quienes van a decidir su nuevo destino, a menos que una sacudida social de gran envergadura en Europa llevara a Italia a un rumbo distinto del que configuraría la ausencia de esa sacudida (la que, por lo demás, parece anunciarse, en múltiples lugares, aunque muy pálidamente para la magnitud de la empresa).

Dando una muestra más de los profundos cambios que la globalización está operando en las relaciones entre el Estado y las clases dominantes en un número creciente de países, Grecia e Italia han designado a sendos tecnócratas como cabezas políticas de esos países. Más claramente en Italia, un comité conformado por el Banco Central Europeo y por el FMI, supervisarán (léase tomarán) en adelante las decisiones fundamentales de gobierno.

La relación deuda soberana/PIB de Italia es la tercera mayor del mundo, después de Japón y Grecia. La deuda italiana, sin embargo, no se creó con la crisis financiera mundial iniciada en 2007, se agravó con ella, y no en exceso. La deuda italiana viene de mucho más atrás de la crisis financiera y en ella contribuyeron los ayuntamientos de todo el país que se endeudaron con la banca, cuya libérrima operación facilitó ese endeudamiento. El problema principal es que desde 1980 la tasa de crecimiento del PIB italiano ha venido disminuyendo consistentemente. En 1980 creció 4 por ciento y después vino una baja permanente. En la última década ha sido inferior al uno por ciento anual. En 2009 creció 0.8 por ciento.

La semana pasada los mercadosinstauraron una prima de riesgo de los bonos públicos italianos de 574 puntos básicos, muy superior a la que impusieron a Grecia (500 puntos), Portugal (517) o Irlanda (544). Al llegar a esos niveles de riesgo país, se armaron los planes de rescate por la UE, para esos países. 574 puntos básicos para Italia significa 5.74 por ciento más de interés sobre la tasa que paga Alemania. Con ello los títulos italianos deben pagar 7.4 por ciento de interés. En los países mencionados el punto de no retorno ocurrió cuando las tasas de interés que debían pagar llegó a 7 por ciento. A partir de ese momento se armaron los planes multimillonaria de rescate.

A Italia se le había impuesto un plan de ajuste rudísimo con anterioridad a los sucesos que he referido. El plan, una ambiciosa reducción del gasto: 79 mil millones de euros entre 2011 y 2014. El recorte sería progresivo, pero acelerándose: 3 mil millones de euros para 2011, 6 mil millones para 2012, 25 mil millones para 2013 y 45 mil millones para 2014, más otras medidas como el aumento de la edad de jubilación que entrará en vigor en 2013, antes de lo previsto, y la edad estará vinculada a la expectativa de vida. Además habrá nuevas tasas para depósitos bancarios.

Hace unos días todo empeoró con el aumento de su riesgo país (en 574 puntos). Italia, una economía en declive, estará imposibilitada de pagar sus vencimientos y al mismo tiempo reducir su déficit. Puede decirse que ha llegado ya al punto de no retorno. Pero Italia no es Grecia ni Portugal, sino la tercera economía de Europa, es decir, la eurozona está en la absoluta imposibilidad de armarle un plan de rescate, en cuanto entre en situación de insolvencia. Acaso, antes que Grecia o Portugal, la de Italia sea la primera economía en salir de la eurozona.

Ahora se habla en Europa de que quien manda ahí es Merkozy, y que la lengua coficial pronto será germaropa. De otra parte tiene un gran sustento el rumor a gritos de que Merkozy estaría trabajando en la conformación de unaEuropa a dos velocidades. La de los países que en el curso de las últimas cuatro décadas de libertinaje y rapiña financiera cuidaron sus sistemas bancarios, pero sobre todo fortalecieron a fondo sus espacios de ciencia y tecnología, en la investigación y en la formación de recursos humanos y que, por tanto, conservan y continúan aumentando sus niveles de productividad social y económica, y los países más dados al dolce far niente.

La escritora española Carmen Ferreras anota: “Estoy descubriendo estos días lo agradable que resulta la práctica de lo que los italianos denominan ‘dolce far niente’…, algo así como ‘refinada holgazanería’. No estoy del todo holgazana…; pero, créame, es una gozada tratar de hacer lo menos posible, porque el niente no es absoluto…; cambiar el bélico trajín cotidiano por la contemplación, la lectura, el baño, el relajo, el buceo, el paseo y el balancín donde acuno algunos ratos tiene sus ventajas”. Una parte no menor de las explicaciones que necesitamos podemos hallarla en esta gozosa mentalidad de los pueblos latinos y su mayor cercanía o lejanía de la ciencia y la tecnología.

domingo, 13 de noviembre de 2011

De la deuda y otros problemas
José Antonio Rojas Nieto
D

ice un amigo: Si pido prestado y quiero pagar, el problema es mío. Pero si pido prestado y no quiero pagar, el problema es de mi acreedor. Tiene razón. Lo peor que le puede pasar al sistema financiero internacional es que los deudores decidieran no pagar. De otra manera, el asunto es manejable. Frente a esto dice Perogrullo: lo que el mundo debe se lo debe al mundo.

¡Claro! ¡Brillante! ¿Cómo le haces para saber esto, le pregunto? Atento y solícito, Perogrullo me contesta: es obvio. ¡Claro que es obvio! Pero –me aclara, para que no me confunda– lo que un país debe no se lo debe a sí mismo. Se lo debe a otro. Aunque Estados Unidos que le deba a China… El mundo sí, pero cada país no. Hay países acreedores y países deudores. ¿De qué depende eso?, pregunto. Perogrullo guarda silencio. Toman su lugar muchos funcionarios públicos de todo el mundo. Y muchos empresarios también de todo el mundo, que exclaman a coro: ¡Qué irresponsables los gobiernos y las sociedades que se endeudan …y se endeudan… y se endeudan! ¡Pobres de sus pueblos!

Pero a muchísimos de esos funcionarios –si no es que a todos– hace unos años se les escuchó alabar el crecimiento brutal de Estados Unidos y de Europa, y de China, y de la India y del mundo en general. No obstante, no podían ocultar el crecimiento similarmente brutal del crédito, hipotecario y al consumo, primordialmente, que operaron como palanca emergente para impulsar el crecimiento mundial.

Financiarización en pleno, dirían Costa Lapavitsas y Carlos Morera en un libro recientemente editado por la UNAM y por Flacso, donde también Makoto Itoh y Juan Pablo Paincieria dan luz –con profunda nitidez– sobre el endeudamiento de las naciones en el mundo de hoy. ¡Pobre Grecia, cómo la ofenden! ¡Pobre España, cómo la ofenden! ¡Pobre Portugal, cómo lo ofenden! ¡Pobre..! La lista puede ser interminable…Sí, interminable.

Pero, finalmente, Perogrullo tiene razón. El mundo le debe al mundo, es decir, no hay problema. Con un producto bruto mundial actual evaluado en 63 trillones de dólares de 2010, el mundo debe 95 trillones de esos mismos dólares. Justamente 150 por ciento de su producto. En buen romance significa que hay que esperar año y medio de producción mundial para quedar a mano. Aunque por aquello de la diversidad nacional, en algunos casos hay que esperar más y en otros menos. Medio año para pagar la deuda de los gobiernos. Y un año para pagar la deuda de los privados. Ni más ni menos. Pero eso –aclaremos– suponiendo que se generan recursos para ello. Y que –imaginariamente– las sociedades de esos países no consuman nada, es decir, seaprieten el cinturón. ¡Qué indignación! Y, sin embargo, una pregunta flota en el aire. ¿De dónde salió tanto dinero para prestarse? ¿Quién lo concentró? ¿Quién lo centralizó? ¿Quién cobra los intereses? ¿Por qué unos pagan su deuda al 2 por ciento y otros al 10 por ciento de interés? ¿Por qué? Y ¿por qué –por cierto– al estudiar el comportamiento de la producción industrial en muchos países del mundo, no puede uno menos que reconocer el alargamiento artificial del ciclo de producción, merced al crédito? ¿Qué diablos pasó en todo el mundo?

Y es que hubo mucho dinero para prestarse. Muchísimo. ¿De dónde salió? Tres fuentes principales: 1) del sólido ahorro de algunos países, como los cuatro –sólo cuatro– que en 2010 concentraron la mitad de las exportaciones netas de capital: Alemania, Japón, China y Suiza; 2) de los ingresos extraordinarios que reciben algunos países por la extraordinaria elevación del precio internacional de las llamadascommodities y que en estos momentos concentran poco más de la tercera parte de los recursos disponibles para invertirse o prestarse en todo el mundo; 3) de otras razones que permiten que algunos países –por diversas y múltiples razones– pueden ser exportadores netos de capital, unos un año y otros otro. De aquí, precisamente de aquí, la enorme disponibilidad de capitales para su flujo internacional. Un flujo que se expresa en tres líneas primordiales: 1) inversión extranjera directa; 2) inversión de portafolio; 3) préstamos u obligaciones a personas, empresas, organismos o gobiernos.

Registremos el endeudamiento actual: 95 trillones de dólares en 2010, casi 100 en estos momentos. Y el producto mundial: cerca de 63 trillones, ya casi 65 también en estos momentos. El 44 por ciento lo deben los gobiernos. Y el 56 los privados. Pero hay países que deben mucho en relación a su producto y a sus ingresos. ¿Ejemplo de moda? Cierto, Grecia. Aporta 0.5 del producto mundial pero participa con 0.7 por ciento en la deuda mundial. Su coeficiente de capacidad de pago (peso en el producto entre peso en el endeudamiento) es inferior a uno, de sólo 67 por ciento. Terrible.

Portugal, por su parte, tiene un coeficiente de 63 por ciento. España de 65 por ciento. Italia –la bella Italia– de 71 por ciento. Si es menor de uno ya hay –de suyo– una señal de extremo riesgo. Y mientras más bajo sea ese riesgo es mayor. Y eso sólo pensando en el pago del principal. Falta evaluar los requerimientos para pagar intereses. Estados Unidos, por cierto, tiene un coeficiente del 67 por ciento. Y, sin embargo, sus inversiones en todo el mundo, preferentemente en China, obligan a re-evaluar su capacidad para enfrentar su endeudamiento. A más de su capacidad para imprimir billetes. En Europa, por cierto, eso ya no es posible. El régimen de moneda única lo impide. Y otro aspecto que obliga a dicha re-evaluación es la estructura de los acreedores. Pero –sin duda– sobre este aspecto deberemos profundizar en otro momento. Muy pronto.

Del referéndum griego a la caída de Berlusconi
Marcos Roitman Rosenmann
N

unca antes el capitalismo financiero había mostrado tan abiertamente su poder omnímodo. Ya no se trata de ganar espacios, sino guardar en el armario, por tiempo indefinido, el traje democrático que cubría sus vergüenzas. Las decisiones políticas se toman en los consejos de administración de bancos, empresas trasnacionales y bolsas de valores. Con este panorama, sus hacedores han decidido dar un nuevo golpe de mercado a las instituciones democráticas en Grecia, cuna de la democracia, y en Italia, crisol del derecho político.

Para solucionar los problemas de déficit público, nada mejor que poner en la cúspide del Estado a empleados de confianza. Hombres curtidos en la limpieza contable. Sujetos implacables, cuyos méritos consisten en hacer ganar millones de euros para sus jefes. Personajes oscuros y desafectos de la política, cuyo única misión en la vida consiste en hacer cuadrar la caja. Tanto entra tanto sale. Como si la actual crisis fuese un problema de gestionar una mal llevada cuenta de haberes y debes. En esta lógica, la democracia no tiene cabida. Los ciudadanos se transforman en números de una operación contable. Y algunos de ellos restan y no suman. Deben ser eliminados, resultan nocivos.

La designación sin mediar proceso electoral alguno de Mario Monti, en sustitución de un decrépito Berlusconi, sea dicho de paso, el presidente de gobierno con más años en el ejercicio del poder en Italia, si exceptuamos al Duce, Benito Mussolini, es un mal síntoma. No sólo por la forma, cuestión que hasta hoy los defensores de la democracia representativa cuidaban en extremo, sino por el fondo. Monti es un profesor de medio pelo, cuyos éxitos no están en la academia, sino en ofertarse como un buen gestor al capital usurero. Empleado de la gran banca y las empresas trasnacionales, consejero de Coca-Cola y consultor de Goldman Sachs, participa en el club Bilderberg de los elegidos. Entre sus gracias se encuentra su rechazo a la militancia política, así, dice, no sufre presiones de indeseables y obedece a pies juntillas la voz de sus amos, recortar derechos políticos y beneficios sociales en pro de una saneada economía de mercado.

En Grecia, el problema se ha resuelto por la vía rápida. De nada sirvieron los intentos de Georgios Papandreou por mantener, un poco, la escasa soberanía nacional que le queda al país. Intervenido, atado de pies y manos, buscó un último gesto de dignidad. Si tenía que encarar el toro, mejor hacerlo de frente y no refugiarse en las tablas, morir matando y no ser acusado de cobarde. Así, reunió su consejo de ministro, destituyó a una parte importante de la cúpula militar, cuestión que deberá ser explicada en algún momento, y con el apoyo de sus colaboradores decidió refrendar el nuevo paquete de políticas de ajuste. El pueblo griego tendría la última palabra. Error. Inmediatamente saltaron las alarmas. ¡Qué era eso de preguntar a nadie! Se obedece y listo. Además, ¿qué iba a preguntar?

Según sus socios, los miembros de la Unión Europea y países del euro, su propuesta era un desatino. ¿Acaso no recordaba el resultado del referéndum en Francia y Holanda rechazando laconstitución europea? Arriesgarse a un fracaso no entraba en los planes de Angela Merkel y los banqueros alemanes. ¿Y luego qué? ¿Salida del euro? No, no y no. Mejor que Papandreou sea llamado al orden, renuncie y deje su lugar a gentes responsables de su propio partido y la derecha conservadora. Así nace un gobierno de unidad nacional, integrado por el Pasok, Nueva democracia y Laos, partido de ultraderecha, cuya presencia es sintomática. Residual en sus inicios, año 2000, sus fundadores estuvieron vinculados y comprometidos con la dictadura militar hasta 1974. Sin embargo, lentamente han ido ganando espacio político. Pasó de 2.7 por ciento de los votos en 2004 a 3.8 en 2007, obteniendo 10 diputados, y en las últimas elecciones de 2009 consigue 5.5 por ciento de los votos y una cifra de 15 diputados, de un total de 300. Por arte y magia del nuevo gobierno de coalición, Laos, se convierte en un puntal del actual gobierno encabezado por Lucas Papademos, quien les concede el Ministerio de Transportes e Infraestructuras, la secretaría de Estado para el Desarrollo y la Marina Mercante, y dos viceministerios. Todo con el visto bueno de la Iglesia Ortodoxa. Ya no hay problemas para liberar los 8 mil millones de euros retenidos por el Banco Central Europeo. En Grecia, su gobierno espurio, es presidido, como en Italia, por un personaje cuyas primeras declaraciones han sido yo no soy político,

Lucas Papademos complace al Banco Mundial, Bruselas, Fondo Monetario Internacional y es garantía de medio plazo para obtener otros 130 mil millones de euros entre 2012 y 2014 de los organismos internacionales para afrontar con éxito los recortes sociales. Su currículum deja pocas dudas de cuáles son sus intereses y a quien representa. Doctorado en economía y profesor en Columbia entre 1975 y 1984, ha sido asesor económico del Banco de Reserva Nacional de Estados Unidos, subgobernador y luego director del Banco de Grecia y, por último, vicepresidente del Banco Central Europeo entre 2002 y 2010. Su figura se alza como la solución de los mercados para continuar los recortes sociales, en un país donde el paro afecta a 43.5 por ciento de la juventud y a 18.4 de la población total. Él no tendrá remordimientos de conciencia, es un tecnócrata.

Si en Italia aplicar planes draconianos conlleva un simple cambio de presidente, sin convocar elecciones, en Grecia también se hurtó al pueblo la capacidad de decidir hacia dónde las reformas y cuáles sus límites. En ambos casos, el miedo del capital financiero a sufrir un traspiés y con ello una derrota de consecuencias imprevisibles, les ha llevado a renegar de la democracia representativa, su última atalaya. Mejor deshacerse del voto directo y la consulta popular, uno de sus principios hasta ahora más reivindicado y ensalzado como intocable. Al hacerlo, la moraleja es evidente, ejercer el voto y practicar la democracia es un lastre para el capitalismo. Mejor abandonar tan infecto sistema político, cuya existencia trae tantos problemas a banqueros, empresarios y plutócratas. Mejor reivindicar el poder de los mercados bajo el control de las trasnacionales.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Bancos, gobiernos e indignados en la crisis europea
Orlando Delgado Selley
L

os últimos acontecimientos en la Europa del euro muestran las enormes dificultades existentes. Los jefes de Gobierno europeos lograron un acuerdo para que bancos acreedores de Grecia aceptaran una reducción voluntaria de 50 por ciento del valor de las obligaciones de ese gobierno, lo que supuestamente resolvía la crisis griega. Después, el socialista Papandreou propuso un referéndum para que los griegos aceptaran el enésimo programa de ajuste, que retiró forzado por Merkel y Sarkozy, conjurando el cataclismo. Finalmente, tras la incapacidad del gobierno italiano para instrumentar un plan de ajuste fiscal suficientemente serio, el epicentro crítico se ha desplazado a Roma.

En esta etapa de la crisis del capitalismo contemporáneo, los gobiernos de los países que con dificultades para refinanciar sus pasivos, han ido cayendo uno a uno. En Grecia, primer país en reconocer la situación de sus finanzas públicas y solicitar apoyo financiero, tras 20 meses de agonía Papandreou ha anunciado su dimisión. Meses antes el gobierno irlandés, que aceptó un duro plan de austeridad a cambio de que sus socios europeos destinaran los recursos necesarios para cumplir con obligaciones derivadas del rescate a los bancos irlandeses, también cayó.

En Portugal, luego de tres programas de austeridad fiscal, el gobierno del socialista Sócrates tuvo que aceptar elecciones anticipadas, en las que ganó la derecha. En España, aunque no se ha demandado apoyo financiero si se han instrumentado severos planes fiscales de austeridad, el gobierno del PSOE tras una rotunda derrota en las elecciones pasadas aceptó elecciones anticipadas que se celebrarán el 22 de noviembre, en las que nadie duda que será barrido. En Italia, Berlusconi dimitirá tan pronto logre que el parlamento italiano acepte un programa de austeridad supervisado por el FMI.

De modo que los gobiernos van cayendo, pero los otros actores de esta tragedia clásica: los banqueros, se mantienen incólumes aunque promovieron un endeudamiento extraordinario con la garantía del euro. Promovieron, además, instrumentos financieros para ocultar niveles de endeudamiento por encima de los que registraban ante las autoridades europeas. A ellos, verdaderos causantes de la crisis, no les pasa nada.

Las cuentas fiscales griegas antes de la llegada de Papandreou son reveladoras: el gobierno griego, asesorado por Goldman Sachs, contrató pasivos por encima de los que declaró al Banco Central Europeo y al Ecofin, a través de un procedimiento financiero en el que contrató swaps respecto de la tasa de interés de la deuda pública apostando a la estabilidad de esas tasas. Si ganaba la apuesta, el swap le permitía intercambiar el valor del contrato por préstamos. En el registro financiero estas operaciones no aparecían como pasivos, sino como activos. En realidad eran una forma de ocultar temporalmente deuda adicional. Las dificultades griegas resultan de esta trampa financiera y sus autores debieran pagar por ello.

Los banqueros que diseñaron esta operación, que engañó al FMI, BCE y al Consejo de Ministros europeo, ganaron mucho dinero y si participaran en la reducción voluntaria del valor de las obligaciones griegas serían apoyados financieramente por sus gobiernos. Así las cosas, como ha escrito Stiglitz:tenemos un sistema donde a los banqueros se les rescató y a sus víctimas se les abandonó para que se arreglen como puedan. Un sistema que día con día renueva la negativa idea de que importa más salvar bancos que a la parte más necesitada de la población de los países en crisis.

Por fortuna han aparecido protestas que apuntan al corazón del problema: a la desigualdad. El uno por ciento del uno por ciento es el beneficiario del funcionamiento de una banca totalmente desregulada. Al mismo tiempo la democracia está atrapada entre una excesiva regulación que le impide actuar oportunamente y conflictos políticos promovidos justamente para proteger los intereses de ese 0.01 por ciento de la población. Democracia que impide que una población sacrificada sea consultada, como en Grecia. En esas poblaciones, el otro 99.99 por ciento, por fin, ha empezado a actuar. Hay esperanza en el horizonte.

martes, 8 de noviembre de 2011

El endeudamiento en la Eurozona

DEBT IN THE EUROZONE – GRAPHIC OF THE DAY

Today’s graphic is an extremely detailed look at debt in the euro zone.

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